Una ciudad más accesible

Hemos hablado de actores viales más vulnerables  como los peatones, ciclistas y motociclistas pero no se ha tenido en cuenta a las personas con movilidad reducida (silla de ruedas) y esto no quiere decir que sean menos importantes al contrario lo son y hacen parte de una población más vulnerable ya que se encuentran en el camino con retos más grandes.

La mala distribución de los espacios públicos, calles, vías, etc, ha traído como consecuencia  el surgimiento de espacios desarticulados lo que no permite una sana accesibilidad a la movilidad vial para todos los actores. Es importante entender la accesibilidad vial como una red articulada que se conecte con otros espacios y que estos le permitan a las personas con movilidad reducida desplazarse sin ningún tipo de limitación.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe mundial sobre la discapacidad (2011) hace referencia a que las infraestructuras públicas no son accesibles para las personas en condición de movilidad limitada. “Eliminar los obstáculos en los espacios públicos, transporte, información y comunicación hará posible que las personas con discapacidad participen en la educación, empleo y vida social, reduciendo así su aislamiento y dependencia. En todos los dominios, los requisitos fundamentales para abordar la accesibilidad y reducir las actitudes negativas son las normas de acceso; la cooperación entre los sectores público y privado; una organización líder responsable de la ejecución; la formación en accesibilidad; el diseño universal para los planificadores, arquitectos y diseñadores; la participación de los usuarios, y la educación pública.” 

Un hecho reciente de cómo en Bogotá la falta de inclusión en infraestructuras afecta a esta población no lo cuenta a través de sus redes sociales  ‘Mao sobre ruedas’ más conocido como Mauricio Castañeda, la difusión de sus publicaciones demuestran la falta de rampas en los puentes,  limitando así  su movilidad, en otras ocasiones las láminas de las rampas suelen ser robadas ya que cada lámina cuesta aproximadamente  $627.000 pesos. Gracias a que él ayuda a visibilizar esta problemática creó una acción popular en contra del Distrito en donde busca garantizar los derechos al acceso público de las personas en condición de discapacidad. Está acción tuvo como resultado que el Distrito hiciera cumplir con la normativa técnica establecida para las rampas en las fase I, II y III de TransMilenio con pendientes de inclinación de 12 grados.

Aunque esta petición falló a favor de ‘Mao’ no quiere decir que la ciudad está totalmente adecuada, si sigue construyendo  sin tener en cuenta los obstáculos seguirán existiendo estás problemáticas.

Valentina Millán Sánchez

Movilidad vial para todos